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Etimológicamente, la palabra pornografía viene del griego “πορνη” (pornē) cortesana o prostituta y del sufijo “grafía” del griego “γραφια” de la raíz “γραφειν” (grapheĭn) que significa describir, si tomamos literalmente la raíz podríamos afirmar que la pornografía va enfocada a la descripción de las acciones de una prostituta. Es decir, la pornografía seria la portadora de imágenes diversas donde los comportamientos que se muestran son parte de un proceso sexual ligado directamente con las mujeres.

Sacar  la casta feminista en los diversos sentidos que la vida promueve parecería un movimiento automático y común en la actualidad. A lo largo del tiempo  fueron instaurados varios preceptos sociales en donde las mujeres han sido participes más no protagonistas de las historias aun en sus propias vidas; no obstante, el conversar sobre el cambio de papel en cuanto al género y ponerlo en práctica son métodos que han logrado dar claridad sobre quiénes somos las mujeres o qué queremos ser, cómo nos vemos y cómo nos quisiéramos ver en un panorama actual y futuro.

 

Tomando en cuenta la deconstrucción del papel de la mujer en la sociedad y el tema que nos atañe, cabría hacerse la pregunta ¿Las mujeres realmente se sienten y se ven como unas prostitutas por pertenecer al medio de la actuación pornográfica o al momento de efectuar en la intimidad alguna de estas escenas?. Pensar que la pornografía solo abarca la exhibición de meros procesos sexuales y donde se muestra como dominante a la masculinidad, pareciera un pensamiento obsoleto, desgraciadamente el conservadurismo moral y por lo tanto estas ideas retrógradas, aun predominan en un buen sector de la población en ambos  géneros.

El contenido ideológico de la pornografía comenzó siendo la expresión máxima de los placeres eróticos y sexuales en la pantalla grande, escenas explicitas donde la vagina, el pene, los testículos, el semen y los fluidos, acompañados de gritos y gemidos extremos, lograban excitar a los espectadores, hacerlos sentirse parte de la escena y lograr ese clímax tan anhelado. Los hombres eran los mas satisfechos o beneficiados con la industria del porno y las mujeres que se veían en esas imágenes fueron vistas como verdaderos objetos sexuales expertas en el “arte del coito”.

 

Excluir al público femenino resultó fácil en una industria donde la ideología moral masculina fue la portadora del diseño en tal arte. Las mujeres se veían a si mismas como participantes dentro de escena, o a lo más como «co-protagonistas extasiadas» pero nunca como protagonistas, mucho menos aún como compradoras o público consumidor de este tipo de producto; los varones en cambio, apostaban por la mejor película, por la mejor actriz, por la técnica mas placentera y hasta por el pene mas grande, mientras que la mayoría de las mujeres se dedico a enjuiciar y a cuestionar a las actrices de los filmes, tomándolas como la etimología lo sugería, como meras prostitutas a quienes se les pagaba por escenas de placer.

Películas como Garganta profunda (1972), Bilitis (1977) o Emmanuelle (1974), dieron lugar a que las mujeres pasaran de ser participantes a protagonistas activas de las películas porno/eróticas, creando nuevas fantasías sexuales colectivas, tomando en cuenta también a la vida homosexual, pero sobre todo a que las mujeres fueran vistas como exploradoras del placer y no solamente como receptoras pasivas.

Desgraciadamente el camino era largo, los años 70´s significaron el boom en la industria porno, las ventas y distribución de los filmes lograron recabar millones de dólares y fijarían al porno como un proveedor de ganancias y entretenimiento para un solo tipo de público: los hombres.

 

Con la llegada del Internet, las páginas que ofrecían pornografía no se hicieron esperar, la mercancía que significaban dos cuerpos fornicando ganaron adeptos, expertos y amateurs que pedían al monstruo del porno, imágenes sexuales de alto nivel, diversidad de filmes, desde los más comunes hasta para los gustos más exigentes y alternativos, la perversión se multiplico y las búsquedas en la red se fueron a los cielos.

Si bien la industria crecía, el publico cada vez se hacia mas grande y diverso, la comunidad LGBT y las mujeres se volvieron activos de la industria, los sitios eran receptores del público femenino y homosexual, dejándonos una gran reflexión al respecto; el porno se ha transformado también y hasta cierto punto de igual forma la visión que se tenía de algunos tabúes sociales y sexuales imperantes en épocas pasadas y que van siendo derrocados a base de la propagación del porno por todos los rincones de la red.

Las mujeres no sólo han ganado protagonismo dentro de los filmes, se han convertido en consumidoras activas de pornografía, el velo de la moralidad ha quedado obsoleto en un mundo donde los paradigmas sociales han logrado evolucionar, dándonos como resultado a féminas que buscan una reivindicación frente a sus derechos sexuales y reproductivos, expresando que también disfrutan del buen porno y que no por ello son prostitutas, el disfrute de la sexualidad más allá de señalar un oficio nos indica que todos, absolutamente todos, podemos disfrutar de nuestro cuerpo como mejor nos agrade, fuera de los tabúes impuestos por la sociedad. Por ello, si es tu decisión disfruta de un buen porno, conoce tu cuerpo y reivindica tus derechos sexuales.

 

 

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