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El sacrificio de un ciervo sagrado: la anti-tragedia de Yorgos Lanthimos

<h5><em>- Rodrigo Nevárez Magaña. -columna/opinión </em></h5>
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<p style=»text-align: justify;»>Tanto este 2018 como en el pasado reciente hemos sido testigos del resurgimiento de grandes revelaciones cinematográficas, de producciones que rebasan el interés promedio mass media y comercial para apostar a propuestas inteligentes, arriesgadas, de cuidadosa elaboración y ejecución, las cuales apelan a la inteligencia, a la sensibilidad, a la construcción de una estética, más que al efectismo.<!–more–></p>
<p style=»text-align: justify;»>Entiéndase aquí por “efectismo” a los recursos “fáciles”, por decirlo de alguna manera, utilizados en un filme para provocar un efecto emotivo artificial, no inherente a la escena por sí misma, sino procedente de la manipulación (a veces nada sutil) por parte del director para lograr dicho efecto <strong>(Sceamers), </strong>en la cintas de horror, melodramones lacrimógenos en el género de drama, gags absurdos y facilones en la comedia, sobre montaje de efectos especiales para enmascarar tramas deficientes en cintas de acción, etc.</p>
<p style=»text-align: justify;»>Cada vez son más emergentes las producciones, no solamente experimentales o indie, que presentan tramas más elaboradas, y que prescinden precisamente de estos efectismos, y que al hacerlo desde la sutileza surgen esos mismos efectos, pero más auténticos, profundos, impactantes, crudos, que suelen ser más poderosos, porque van respaldados de un guion y de una trama que apela precisamente, como ya se mencionaba, a la inteligencia del espectador, la desafía, la confronta, la hace dudar.</p>
<img class=» size-full wp-image-289 aligncenter» src=»https://noteuh.net/wp-content/uploads/2018/04/496765795_1280x720.jpg» alt=»496765795_1280x720″ width=»1280″ height=»720″ />

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<p style=»text-align: justify;»>Por poner algunos ejemplos relativamente recientes tenemos en el género del horror <strong>The Witch </strong>(2015) de <strong>Robert Eggers</strong>, una película cuya tensión siniestra se construye con la tiniebla de la incertidumbre, de la ambigüedad, desde la superstición, la paranoia, la alienación, el fanatismo religioso, y lo hace con una sutilidad impresionante; otro ejemplo es la producción australiana <strong>The Babadook</strong> (2014) de <strong>Jennifer Kent</strong>, filme que transita los miedos construidos a partir de la culpa, el odio, las familias rotas, la negación de la maternidad, la paranoia provocada por la privación de sueño, un stress que va endureciéndose y tomando forma de una bomba de tiempo a lo largo del relato, hasta conseguir darle la solidez espeluznante de un siniestro personaje “infantil” mucho más perturbador y amenazante que “El Coco”; o bien la austriaca<strong> Ich Seh Ich Seh: Goodnight Mommy</strong> (2014) de <strong>Severin Fiala y Veronika Franz</strong> que juegan con la figura del doble desde la perversidad infantil. En otro género totalmente diferente (en defensa de la película que ha sido por igual alabada y vituperada, y en defensa del género en sí) <strong>La La Land</strong> (2016) de <strong>Damien Chazelle</strong> que es un hermosísimo y nostálgico recuento de los musicales de antaño, siendo su base temática <strong>Los paraguas de Cherburgo</strong> (1964), de <strong>Jacques </strong><strong>Demy</strong>, con uno de los finales más desgarradores, desesperanzadores pero sin embargo más realistas en la historia del cine, que hizo escuela para muchos filmes más, dentro y fuera del género musical.</p>
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<img class=»size-full wp-image-291 aligncenter» src=»https://noteuh.net/wp-content/uploads/2018/04/paraguas.png» alt=»paraguas» width=»600″ height=»450″ />

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<p style=»text-align: justify;»>No se trata únicamente de copias, sino que nos encontramos en presencia de re interpretaciones o reelaboraciones, cosa que se agradece mucho en una época de remakes imparables e innecesarios, esto se le reconoce al cine de autor, al experimental, al indie, que presentan propuestas nuevas, diferentes, que pueden o no agradarle al común denominador de los espectadores, pero que otros tantos lo agradecemos porque le dan sentido a este discurso cinematográfico, generan reflexiones, emociones, más allá de su simple propósito de entretener.</p>

<blockquote>»Este año, en el torbellino mediático de los premios de la Academia y los Globos de Oro, podemos mencionar algunos (no poco controversiales) ejemplos de este verdadero ser y sentir del cine como <em>séptimo arte</em>, que rescatan este sentido del discurso, sí como industria del entretenimiento, pero también, por posicionar en el mercado cinematográfico productos fácilmente vendibles en taquilla que recauden millones pero cuyo desempeño tiende a ser regular o pobre… el crear BUENAS historias.»</blockquote>
<p style=»text-align: left;»>Por supuesto, la fabulosa <strong>Three Bilboards outside Ebbing</strong>, <strong>Missouri</strong> (2017), de <strong>Martin McDonagh</strong>, una tragedia, enmarcada en el humor negro, que se niega a dar explicaciones sencillas y rechaza la dicotomía maniquea del <em>bueno muy bueno y el </em><em>malo muy malo</em>, que parte de una premisa muy sencilla, dolorosa y válida; tres anuncios de carretera puestos por una madre desesperada<strong> (Frances McDormand) </strong>tras el asesinato y violación de su hija, una mujer que ya ni siquiera está sedienta de justicia, sino más bien está sedienta por respuestas.</p>
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<img class=»size-full wp-image-292 aligncenter» src=»https://noteuh.net/wp-content/uploads/2018/04/Three-Bilboards.jpg» alt=»Three Bilboards» width=»1200″ height=»630″ />

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<p style=»text-align: justify;»><strong>Está la</strong> magnífica obra de <strong>Guillermo del Toro</strong>, <strong>The Shape of Water </strong>(2017) que sí abraza este maniqueísmo pero lo propone desde un nostálgico collage (como <strong>La La Land</strong>), desde el género que es el fuerte de <strong>Del Toro</strong>, lo <em>Fantástico</em>, propone una historia de amor, más allá de cualquier otra etiqueta que se le desee poner, es simple y llanamente una historia de amor, entremezclada con una historia de intriga y espionaje de la Guerra Fría, un homenaje bellísimo al cine «<strong>B»</strong> (fuente nutritiva del imaginario fantástico) con, obviamente <strong>The Creature of the Black Lagoon</strong> (1954), pero también estas historias de amor imposible como <strong>King Kong</strong> (1933/1976) o La <strong>Bella y la Bestia</strong>, donde el <em>monstruo no es el monstruo </em>, sino el otro, eso que es diferente a uno, y lo abyectamos, lo rechazamos, de ahí, la importancia de los alters en <strong>The Shape of Water, </strong>que destaca en la estructura narrativa, al héroe y la heroína, en este caso la Criatura y Elisa, y el mal encarnado exquisitamente por <strong>Michael Shannon</strong>, debe existir ayudantes secundarios que ayuden a los héroes a completar su misión, y el hecho de su marginalidad, de su exclusión social, hiperbolizada o no, pertenece a esta misma mirada del Otro, de lo abyectado, de ahí su identificación y empatía por el dolor de la Criatura y por eso que sea necesario que hayan sido caracterizados de la forma en la que Del Toro los concibió…</p>
..1ra Parte..
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