CARTA AL HOMBRE DE MI VIDA

 

 

Estoy en la cocina de este nuevo depa y no logro entender por qué chingados no
puedo entrar al cuarto.

¿Por qué lo hice? Decidir. Hace 3 meses que vivo completamente sola y ese no
es mi conflicto. Como ciego tras un accidente llegué sin saberlo a “mi independencia”
pero no contaba con los fantasmas del mundo real.

Yo nunca había escuchado esto: los ruidos de las casas. Ese reloj pendular; el
otro y su tic-tac; aquellos grillos suspirados; el efecto Doppler de un carro cruzando;
golpes en la pared ¿de mi morada?. Ya no sé si es que esos son alacranes entre las
estructuras o mis pasos y respiración porque otro golpe y un llanto a lo lejos distraen.

Ya lo veía venir. Hoy fue uno de esos días en los que tienes que salir “con todo” porque
no sabía qué iba a pasar. Sinceramente no tenía ni idea. No entiendo cómo alguien con
tanta magia, me causa tantos temblores. Así que comencé a plasmar esto.

Querido hombre de mi vida:

Eres magia ¿Sabías eso? Me enseñaste el arte que está dentro de mí: Un valor, el de
ser honesta y paciente.

Te vi ayudando a alguien, y observé tu sonreír. Yo te admiro. Siempre creeré que es
triste la distancia entre nosotros y que entre menos la haya es mejor para los dos.

Entiendo que quieras estar conmigo “en la Luna” pero tú y yo tenemos un proceso
distinto para llegar hasta allí. Tú eres un ancestro caminante que va y viene. Corres
como el viento y brillas como una estrella lejana… ¿Y yo?

Me han hecho creer que tú debes ser guapo, alto, muy sexy y que además, debes
protegerme y hacerme sentir la más afortunada de la Tierra como si el Universo
estuviera a los pies de una “perfecta y sonriente” relación.

Durante 25 años consumiendo Televisa nos intentaron amaestrar a que cada 28 días
las mujeres nos debemos de poner “locas” con la “odiosa” menstruación. Y claro. Que
tú, al ser “El hombre de mi vida” debes ser capaz de coger eso. ¡NOS MINTIERON!

No somos perfectos.
Somos amor.

Tú, querido hombre de mi vida.
No eres mi sombra. Eres luz.

Tú, querido hombre de mí vida.

Guíame de la mano con amor.

Ya no me persigas más.
¿Para qué, si somos ambos astronautas?
Dame permiso. Guiemos con amor
¿Qué me jalas?

Oye querido
juntos somos
El Templo de la Vida.

Yo soy tierra fértil y tú eres la semilla. El fruto existe porque tú y yo estamos juntos.
¿Cómo querían que creyéramos que va a ser fruto de 9 meses, o una deuda de 90
metros cuadrados de Infonavit?

Tampoco creo que tengamos que salir perfectos en todas las fotografías, ni tomarnos
de las manos para sentir que estamos juntos.

El amor no es ningún “nosotros”, sino <<el movimiento>> que logramos independientes
a cada paso. Paralelos, juntos y lejos.

Dejemos de preocuparnos por dónde estaremos mañana. Pidamos separados a la
Luna porque con sinceridad ella sabe sorprender. Nos hará reír.

Como te había dicho: la distancia es lo que más me agota porque me hace pensar
mucho en la nostalgia. Llega ese centímetro lejos de ti, en que me desconecto de lo
que realmente importa y es cuando te agradezco ser el recordatorio más bello de mi
vida.

Ese recordatorio que existe en cada truco de magia y que me sorprende en cada paso
que doy descalza. Estaba buscándote en un hombre sexy, alto y guapo y me encontré
con algo amorfo dentro de mí, que se refleja en tus ojos a diario que te veo.

Querido. Hombre. De mi vida ya no hablemos. Mirémonos a los ojos y seamos
sinceros; si quieres algo de mí pide permiso antes, no me golpees. Si el Universo no te
escucha, sé honesto.

Las mujeres dejamos de competir entre nosotras hace muchos años ya; olvídate de los
celos tú. Hombre que respiras y sientes: el fuego nos calienta y ayuda a expresar, así
que haz arte con mi cuerpo, en vez de hacerlo tuyo.

Vida, quererte más va en contra de las reglas plásticas; amar es parte de nuestro
camino. Siempre.

Ya te he nombrado como 100 veces y puesto rostro unas 30, ¡Qué pérdida de tiempo si
siempre estuviste frente a este espejo!

Sonríe. Me siento en paz.

Tú. Querido. Hombre en la vida.
No mientas más; te creo y confío en ti.
Yo te amo. Sincero y libre.

 

Semilla Amarilla


Edición: Mariana Ene