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Qué sola está la casa
terriblemente sola
aquí donde moriste
cocinabas en tu fría y triste cocina
en tu estilo provinciano
dejé de comer delicias culinarias
tu perra aún viva por muy poco
¡qué desgraciado me dejaste!
aunque ya lo era
ahora lo soy en tu celda, mi celda, Morelia
un refri viejo
el estéreo que dejó de sonar
tu cama llena de polvo
me arranca
fornico lloro en tu cama
tu casa
¿mi casa?
terriblemente sola y fría
la muerte estuvo donde mismo
siempre te esperó
vigilaba tus mañanas frente al espejo
creías lavar tu cara
pero era ella acariciando tus dulces arrugas
ahora, al mirarme en ese espejo
escupo a ti
a tu silueta ausente marcada infernalmente en mi recuerdo

¿sabes a qué sabe el silencio?
no es el amargor del reflejo
ni la libertad de andar entre calles
¡cállate!
-no sabes hablar en la calle-

-no sabes andar por la calle-
el olor del pie

el olor del silencio
respirar horas tristes
horas caminadas
coladera de las 12 am
olor a limosna
el olor me mantiene esclavo
olor de colonia industrial
olor del caminar
olor a pies
soy un perro del olor
el olor de mi cuarto
meados de gato
calcetín de días
tieso
crudo
costras del andar
un andar sin prisa
el andar por el mismo lugar entre las mismas calles
la tierra orinada por mi mejor conocida

la expulsé en una fumada
y por eso no seré cobarde
te escribo desde la burbuja
¡no digo más!
más de ti
más de mí
me cansa el sueño
me cansa la vista
me cansa la gente
tus gentes y las mías
se encontraron
me encontraron
lo que te dolió me ha encontrado
ya no tengo donde esconderme
nos encuentro
¿te duele?
¿me duele?
¿nos duele?
¡cuánto hay que suplicar para que nos retiren la charola!
-¡cuánto!-
¡cuánto!.

«Calixto Villaseñor»
Morelia, Diciembre del 2018.

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