Tengo un puñado de lágrimas incontables que se frenan ante un mundo fuera de mi cuerpo, regalan a mis ojos una presión gigantesca, que no sé si se saldrán de sus huecos o terminarán explotando.

También tengo un saquito de abrazos dentro de mi bolsillo, manchado de café y chocolate, derramado, tan frío como mi piel al viento indiferente y tan delicioso como lamer el suelo dulce o la suela de sus zapatos. ¡Demonios! ¿Por qué no impacto mi cara? ¿Por qué siempre digo demonios? No sé si es porque de niño me visitaban cuando dormía y por eso mis ojeras desde entonces, pero esa palabra es otra de las cosas que tengo y aunque no soy dueño de la palabras, es algo que tengo y puedo pronunciar en mi mente.

Eso también tengo, mi cerebro dañado y martirizado porque un hombre fue torturado en la cruz y la vida no es vida si no sufrimos también, pero al menos pienso en flores de todos colores. Además tengo las Jacarandas, que no son mías si no del mundo, las tengo y son parte de mí, como yo de ellas; están a punto de cerrar su purpúreo ciclo y ya por meses no podrán darme un beso en la mejilla, ni alegrar con su tinte mis actuales días, tampoco pinchar las bolsas de mis pesados parpados para su desagüe, Pero como todo ciclo no sé detiene, sólo sigue floreciendo una y otra vez, hasta el fin de sus días, dónde me abrazarán sus raíces.

-Yere Tony Aguilar